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Danses du Monde celte convierte Lorient en un gran escenario de tradiciones compartidas

  • 2 agosto, 2026

La danza tomó el sábado 1 de agosto la Place des Pays Celtes de Lorient con Danses du Monde celte, uno de los primeros grandes encuentros colectivos de la 55.ª edición del Festival Intercéltico. La cita, programada a las 14.00 horas y con acceso libre, reunió a formaciones procedentes de distintos territorios para mostrar en un mismo escenario la variedad de pasos, músicas, vestimentas y maneras de entender el baile que conviven dentro del espacio cultural celta.

El espectáculo ocupó un lugar destacado en el arranque del festival. Lorient celebra entre el 31 de julio y el 9 de agosto diez días de programación repartida por doce escenarios, con cerca de 300 espectáculos y actividades y la participación de miles de músicos, cantantes, bailarines, artistas visuales, investigadores y cineastas. En 2026, Cornualles protagoniza la edición bajo el lema «Cornualles, en el corazón del mar Céltico», reforzando la atención prestada a los vínculos marítimos, lingüísticos y culturales entre los pueblos celtas.

Danses du Monde celte permitió contemplar esos vínculos desde el movimiento. Frente a los grandes conciertos o los concursos instrumentales, la danza ofrece una forma diferente de reconocer las semejanzas y diferencias entre territorios. La posición del cuerpo, la relación entre los integrantes del grupo, la disposición en círculo, en línea o en parejas y el diálogo con los músicos revelan concepciones de la comunidad transmitidas durante generaciones.

Entre los participantes figuró el Grupu Etnográficu L’Oriente, Llacín, representante de Asturies, junto a formaciones como Ny Manninee, de la isla de Man, y Kekezza, procedente de Cornualles. La coincidencia de estos grupos resumió el propósito del encuentro: presentar cada tradición con sus rasgos propios y situarla, al mismo tiempo, en conversación con las demás. No se trataba de uniformar los repertorios ni de buscar una supuesta danza común, sino de ofrecer un mosaico de expresiones nacidas en sociedades distintas, pero unidas por siglos de contactos.

La presencia de L’Oriente, Llacín incorporó al programa la riqueza del baile tradicional asturiano. El grupo llevó a la escena una forma de entender la tradición que atiende tanto a la ejecución coreográfica como a la indumentaria, la música y el contexto social en el que nacieron los bailes. En una cita internacional de estas características, la danza deja de ser una sucesión de pasos para convertirse en una presentación completa de la cultura de un territorio.

La aportación asturiana dialogó con la de Ny Manninee, grupo representativo de la tradición de la isla de Man. La cultura manesa posee una personalidad singular dentro del conjunto celta, condicionada por su situación insular y por la recuperación de un patrimonio que durante décadas tuvo una difusión menor que el irlandés, el escocés o el bretón. Su presencia en Lorient permite que danzas y melodías menos conocidas alcancen un público internacional.

Kekezza aportó la representación de Cornualles, nación homenajeada este año. Su participación tuvo un valor añadido en una edición que pretende mostrar la vitalidad contemporánea de Kernow, más allá de las imágenes asociadas a sus acantilados, puertos, minas y leyendas. La danza córnica aparece así como una práctica actual, interpretada por grupos que investigan, enseñan y renuevan su repertorio mientras mantienen el vínculo con la memoria del territorio.

La sucesión de propuestas hizo visible que el baile tradicional no responde a un único modelo. Algunas danzas se construyen desde la coordinación colectiva y el avance del grupo; otras conceden mayor protagonismo a las parejas o a la destreza individual. En unas, la fuerza nace de la repetición y la cohesión de los movimientos; en otras, del ritmo de los pies, los giros o la relación directa entre baile e instrumentos. Esa diversidad impide reducir la cultura celta a una estética uniforme y muestra cómo cada comunidad adaptó música y danza a sus fiestas y espacios de sociabilidad.

También la indumentaria desempeñó un papel esencial. Los trajes no funcionan únicamente como un elemento vistoso para el escenario. Tejidos, colores, cortes, adornos y complementos ayudan a identificar procedencias, épocas y diferencias sociales, además de conservar técnicas artesanales vinculadas a la confección. En Lorient, la comparación entre vestimentas permite apreciar tanto las particularidades locales como ciertos paralelismos nacidos de una historia atlántica compartida.

La elección de la Place des Pays Celtes reforzó el carácter abierto del acontecimiento. Este espacio se ha consolidado como uno de los principales lugares de convivencia del festival, con conciertos, sesiones y animaciones que facilitan una relación directa entre artistas y público. Danses du Monde celte se integró en esa filosofía: sacar las tradiciones de los recintos especializados y situarlas en el centro de la vida cotidiana de Lorient.

El espectáculo sirvió además como presentación de una línea que continuará durante toda la semana. La programación incluye nuevas sesiones de Musiques et Danses des Pays celtes, talleres dedicados a los bailes escoceses, córnicos, maneses, irlandeses, asturianos y gallegos, además de la Gran Parada de las Naciones Celtas y de Danses et costumes de Bretagne. El público no se limita así a observar: también puede acercarse a los códigos de cada tradición y comprender mejor la relación entre música, cuerpo y comunidad.

Esa dimensión participativa resulta fundamental para la supervivencia de las danzas tradicionales. Un baile se conserva cuando continúa practicándose, cuando encuentra nuevos intérpretes y cuando es capaz de incorporarse a contextos diferentes sin perder su personalidad. Los festivales ofrecen visibilidad, pero la continuidad depende del trabajo cotidiano de asociaciones, escuelas, músicos, investigadores y grupos etnográficos en sus lugares de origen.

Detrás de cada actuación existe una labor de ensayo, documentación, transmisión oral, recuperación de músicas y cuidado de la indumentaria. El escenario de Lorient concentra durante unas horas un trabajo desarrollado durante todo el año en pueblos, ciudades y asociaciones de distintos países.

En una edición dedicada a Cornualles y a la realidad marítima del mundo celta, la danza volvió a ejercer como un lenguaje capaz de atravesar fronteras. Asturies, la isla de Man, Cornualles y el resto de las representaciones participantes mostraron que el patrimonio no permanece inmóvil: se transforma cada vez que un nuevo bailarín aprende un paso, una formación revisa su repertorio o públicos de otros territorios descubren una tradición.

El encuentro dejó una imagen coherente con el espíritu del Festival Intercéltico de Lorient. Culturas diferentes compartieron escenario sin renunciar a su identidad y encontraron en el movimiento un terreno común. Danses du Monde celte no fue únicamente una exhibición coreográfica, sino una demostración de que las tradiciones siguen vivas cuando se practican, se comparan y se ofrecen a los demás.

Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

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