Ilusión de justicia en las aulas

  • 2 junio, 2021

La Consejería carga contra un profesor del IES Universidad Laboral, investigado por enfrentarse a las desigualdades del sistema educativo. Sus alumnos han abierto una recogida de firmas en change.org para apoyarlo

Todos hemos tenido profesores temidos por su tendencia a suspender sistemáticamente a sus alumnos/as. Así como profesores que abusaban de su poder, y profesores que, a pesar de ser no sólo inútiles, sino también contraproducentes, siguen dando clase a generaciones y generaciones. ¿Qué os parecería que, mientras estos docentes siguen “dando clase”, haya otros docentes que sí cumplen con su función, pero son sancionados? Este es el caso de Yván Pozuelo Andrés, profesor de lengua francesa en el IES Universidad Laboral.

Yván Pozuelo se está enfrentando a hasta treinta años de inhabilitación profesional por una supuesta “negligencia grave”, que se basa en calificar con un diez a todos los alumnos que lleguen a los mínimos establecidos. Esto lo lleva haciendo catorce años, y es sólo cuando publica el libro Negreros o docentes, la revolución del diez que a la consejería de educación le empieza a preocupar este tema.  No se ha encontrado ningún escrito oficial que dictamine que el cinco sea la adquisición de las destrezas mínimas, por ello Yván Pozuelo opta por ayudar a sus alumnos a llegar a estos mínimos, para poder ponerles la nota máxima. De esta forma se evita el seleccionar a alumnos inocentes, víctimas del sistema educativo heredado del Franquismo.

Cabe destacar que la inspección, iniciada por la consejería sin que medie una sola denuncia por parte de familias, alumnado, profesorado y equipo directivo en veinte años de docencia se concentra no tanto en el esclarecimiento de la verdad sino en buscar irregularidades inexistentes.

No se puede decir que Yván Pozuelo no examine a sus alumnos, dado que estos realizan pruebas grabadas en vídeo, que se almacenan de forma virtual. La única diferencia es que el tiempo para prepararlo es el de clase, para evitar que los alumnos tengan que trabajar en casa. No podemos garantizar una igualdad de condiciones en las casas, pero podemos garantizarla en las aulas, y esta es la forma de hacerlo. Asimismo hay otro gran punto que el sistema educativo actual no cubre, y es la competitividad y la desigualdad en los exámenes al uso. Estos exámenes tradicionales son un camino a la competitividad académica y los problemas derivados del estrés. No es lo mismo el examen de un alumno con una familia estructurada, que el examen de una alumna con problemas familiares, que aquél de un alumno neurodivergente, que el de una alumna con insomnio, ansiedad o depresión. No es de extrañar que el suicidio sea la tercera causa de muerte entre los jóvenes de entre 15 y 29 años. ¿No es acaso negligencia grave ignorar la situación y necesidades específicas del alumno?, no, a esto lo llamamos “inclusión”.

El término de “Negligencia grave” se define como “violación flagrante de un deber legal con respecto a los derechos de los demás”, y, sin embargo, la única violación de derechos que hay aquí es la de la libertad de cátedra y de expresión.

 

Alisa Anikina

 

 

Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. ACEPTAR

Aviso de cookies