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Eurocelticart amplía en Lorient el diálogo artístico entre las naciones celtas

  • 2 agosto, 2026

El Festival Intercéltico de Lorient no se construye únicamente con conciertos, desfiles, danza y grandes espectáculos. Junto a su programación musical mantiene un espacio dedicado a las artes visuales que permite conocer cómo se representan hoy los territorios celtas y de qué manera sus creadores dialogan con la memoria, el paisaje, las tradiciones y las transformaciones sociales. Eurocelticart vuelve a ocupar en 2026 un lugar destacado dentro del festival con la participación de dieciocho artistas procedentes de siete naciones y una presencia expositiva que continúa extendiéndose por distintos puntos de la ciudad bretona.

La apertura de la muestra tuvo lugar en el Palacio de Congresos de Lorient, principal sede de Eurocelticart durante los días del festival. En el acto estuvieron presentes el presidente del Festival Intercéltico, Denis Le Mentec, y su director artístico, Jean-Philippe Mauras y el responsable de la exposición Philippe Boucly. La representación asturiana contó con la participación del periodista, escritor y crítico de arte Luis Feás Costilla, cuya trayectoria está estrechamente vinculada al seguimiento, la divulgación y el comisariado de la creación contemporánea de Asturies.

Las intervenciones inaugurales destacaron el valor de una iniciativa que sitúa las artes plásticas en el centro del encuentro intercéltico. Aunque la música continúa siendo la expresión más visible y multitudinaria del Festival de Lorient, Eurocelticart demuestra que las relaciones entre los territorios participantes también se desarrollan a través de la pintura, la fotografía, el grabado, la escultura, la ilustración y otras disciplinas artísticas.

La presencia de estas exposiciones ha ido creciendo progresivamente. El Palacio de Congresos continúa siendo el principal punto de referencia, pero la programación artística ya no queda concentrada en una sola sala. Muestras, instalaciones y paneles aparecen distribuidos por Lorient, integrándose en el recorrido cotidiano de quienes acuden al Festival Intercéltico. El público puede pasar de un concierto a una exposición, de un pabellón cultural a una intervención artística o de una manifestación tradicional a una propuesta visual contemporánea.

Esta expansión permite que el arte participe de manera más directa en la vida del festival y de la propia ciudad. Las obras dejan de ser una actividad secundaria para convertirse en otra puerta de entrada al conocimiento de las naciones representadas. Una pintura, una escultura o una composición fotográfica pueden transmitir procesos históricos, formas de vida y reivindicaciones culturales que difícilmente encontrarían el mismo espacio dentro de un espectáculo musical.

Uno de los rasgos más interesantes del proyecto es la convivencia entre las nuevas tendencias y las tradiciones más antiguas. Las exposiciones no presentan el patrimonio como un conjunto de elementos inmóviles ni la contemporaneidad como una ruptura obligatoria con el pasado. Los artistas trabajan con símbolos, materiales, relatos y técnicas heredadas, pero los someten a nuevas interpretaciones y los relacionan con las preocupaciones de su tiempo.

La exposición asturiana «Apuntes desde Bretaña

Pintores españoles en el Finisterre francés» quiere mostrar una historia inédita, y es que unos pocos artistas pintaron en Bretaña en la primera década del siglo XX, siguiendo a las escuelas de Concarneau y Pont-Aven. Aquí realizaron cuadros de tipos humanos, costumbristas y figuras con paisaje que se conservan en instituciones tan importantes como el Museo del Prado de Madrid, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, el Museo de Bellas Artes de Valencia, el Museo Carmen Thyssen de Málaga, el Museo de Bellas Artes de Río de Janeiro o la Colección Masaveu.

Entre ellos se encuentran el asturiano José Ramón Zaragoza —Cangas de Onís, 1874-Alpedrete, Madrid, 1949— y el madrileño Enrique Martínez-Cubells —Madrid, 1874-Málaga, 1947—, de quien se conserva una amplia colección en el Museo de Bellas Artes de Asturies.

El grabado, el dibujo, el trabajo textil y determinadas formas artesanales conviven con la fotografía, las instalaciones y otros procedimientos contemporáneos. Esta combinación evita presentar la cultura celta como una colección de imágenes del pasado. Las tradiciones continúan existiendo porque son capaces de evolucionar, dialogar con cada época y adquirir nuevos significados.

Los artistas actúan como intermediarios entre el legado recibido y las preguntas del presente.

Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

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